Las pérdidas para el país por la cuarentena alcanzan los 30 millones de dólares por hora

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En el mercado financiero ya están haciendo cuentas de cuánto costará el parate total de la economía que propuso Alberto Fernández a partir del 1 de julio. Claramente el cimbronazo hará que la cuenta se eleve en forma exponencial y, en el caso argentino, profundizará la mega recesión con más desempleo y pobreza. Según cálculos de la consultora GMA Capital, teniendo en cuenta que las restricciones a la movilidad ya registran 100 días desde el 20 de marzo, por cada día de parate, se perderían 715 millones de dólares en términos de actividad. Extendido a la totalidad de los días que llevamos de congelamiento, el costo estimado superaría los 70.000 millones millones. La cuenta se base en cantidad de días corridos y el Producto Bruto Interno. 

“Emulando al resto de los países del mundo, Argentina ensayó una política fiscal expansiva para paliar los efectos de la crisis. Según los datos más recientes, la expansión del gasto público trepó en mayo un 96% mientras que los ingresos percibidos no superaron el 2,4%, acumulando un déficit anual de $ 636.099 millones”, dice  GMA.Y afirman que esto implicó para el sector público un costo entre marzo y mayo de $ 2.074 millones diarios durante la cuarentena.

Sin la posibilidad de recaudar más ni de emitir deuda (mientras la reestructuración está en camino), el agujero fiscal no tuvo otra posibilidad que ser cubierto con emisión monetaria. Contemplando los adelantos transitorios y transferencias de utilidades, la asistencia al Tesoro promedió $11.263 millones por día desde el 20 de marzo. La inyección reciente de pesos para asistir al fisco está rompiendo todos los récords. En los últimos 12 meses equivale a un 6,3% del PIB.

“¿Por qué no vemos un impacto directo sobre los precios? Ocurre que la demanda de dinero se encuentra relativamente alta por motivos precautorios. Además, el cepo cambiario previene que el tipo de cambio oficial tenga sobresaltos y evita el traslado a precios de una devaluación. El interrogante es que harán los argentinos con sus pesos excedentes una vez que se levanten las restricciones y la actividad comience a marchar nuevamente”, admite.

Hasta el momento, el financiamiento al Tesoro ($1,25 billones vía adelantos y transferencias) fue compensado en un 85% por una esterilización de $1,07 billones contabilizando adelantos transitorios y giros de utilidades. Sin embargo, sabemos que “la aspiradora” de circulante tiene un alcance limitado sobre agregados monetario más amplios.

En el caso del M2 privado, el crecimiento se mantiene en niveles que exceden el 100% interanual. Y al estar hablando de dinero transaccional, luce inevitable que, a medida que se abra la economía, estos pesos ociosos no se vuelquen al mercado de bienes y/o cambiario. Aquí es donde vemos una encrucijada para las autoridades. Para seguir con la dinámica actual, deberían convalidar una tasa de interés más alta que estimule tanto la absorción de base monetaria (esterilización) como de dinero transaccional (por ejemplo, aumento de depósitos a plazo fijo).

Por ahora, es un fenómeno difícil de concebir considerando una tasa Badlar que rinde 5% negativo (TNA) una vez descontada la inflación que se espera para los próximos meses. Por supuesto que un rebrote inflacionario haría aún más negativa la remuneración real del peso. Al mismo tiempo, la emisión ejerce una presión constante sobre el dólar libre (contado con liquidación).

Estiman que los pesos irán a precios y eso podría generar más inflación

El fantasma de los precios y el dólar

A la luz de los últimos meses, a medida que los pesos se volcaban a la plaza, la presión sobre la brecha cambiaria era cada vez mayor. El punto cúlmine fue a mediados de mayo, cuando el spread cambiario alcanzó un pico de 86%. Como el canal financiero estaba restringido, la salida se dio por el canal comercial vía importaciones. Esto generó un drenaje de reservas insostenible tras los esfuerzos del BCRA por contener el tipo de cambio. Para romper con esta dinámica, la autoridad monetaria no encontró otra alternativa que endurecer el cepo. Las restricciones al acceso de divisas, cuya demanda respondía principalmente al adelanto de pagos por importaciones, lograron cierta calma en el corto plazo.

“De todas formas, las expectativas de inflación futura siguen presionando sobre el tipo de cambio, que se deprecia a un ritmo del 3% mensual. Esta ancla cambiaria para contener los precios pierde fuerza cuando la brecha se dispara. De todas formas, la inflación afecta el tipo de cambio real multilateral (TCRM), un proxy de competitividad, y perjudica el ingreso de divisas de la balanza comercial, que se potencia aún más por la depreciación del real brasileño. La consecuencia de esta dinámica es un mayor deterioro en las reservas, cuya pérdida diaria, desde comienzos de la cuarentena, se estima en 11 millones de dólares. La situación en el futuro cercano se agrava si tenemos en cuenta que se acaba el segundo trimestre, el más fructífero del año en términos de liquidación de divisas por exportaciones”, alerta GMA.

FUENTE: iprofesional.com

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